breve di cronaca
Asesinado en un atentado en Italia un asesor del ministro de Trabajo
El Paìs - 19-03-2002

El tiroteo terrorista, en vísperas de la manifestación sindical del sábado, conmociona el país.

Dos disparos acabaron ayer, al filo de las 20.30 horas, con la vida del economista Marco Biagi, en el centro de Bolonia. Biagi, de 52 años, profesor de las universidades de Módena y de Reggio Emilia, y asesor del ministro italiano de Trabajo, Roberto Maroni, regresaba en bicicleta a su domicilio cuando fue alcanzado por los disparos efectuados por dos jóvenes que viajaban en una motocicleta. El asesinato de Biagi guarda escalofriante semejanza con el que acabó en mayo de 1999 con la vida de Massimo D'Antona, asesor del entonces titular de Trabajo en el Gobierno de centroizquierda.

Del atentado contra D'Antona, todavía sin esclarecer, se responsabilizaron las nuevas Brigadas Rojas en un largo comunicado enviado a varios medios de comunicación. La noticia del asesinato de Biagi desató ayer la alarma en Italia, donde el enfrentamiento entre los sindicatos y el Gobierno de centroderecha sobre la reforma del Estatuto de los Trabajadores ha alcanzado niveles dramáticos. El principal sindicato italiano, CGIL, con 5,4 millones de afiliados, preparaba una manifestación masiva para el próximo sábado, en protesta contra la reciente modificación del artículo 18 del Estatuto de los trabajadores que impide el despido injustificado. Las tres grandes centrales sindicales estaban a punto de anunciar una jornada de huelga general para el próximo mes de abril.

El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, condenó ayer enérgicamente un atentado surgido "del odio". "Una vez más, el terrorismo demuestra ser un peligro actual contra el que hay que emplear toda la fuerza necesaria". El líder de CGIL, Sergio Cofferati lo calificó de "acto de barbarie" pero se apresuró a puntualizar que el atentado "que pretende alterar las reglas de la democracia". El ministro del Interior, Claudio Scajola, suspendió su visita a los EE UU ante la gravedad de un suceso que arroja una inquietante sombra sobre la vida política italiana.

El fiscal de Bolonia, Luigi Persico, que se personó en el lugar del atentado, ocurrido en vía Valdonica 14, a un paso de Piazza Maggiore, el corazón de Bolonia, fue el primero en observar la similitud con el caso D'Antona. "Creo que es una advertencia, Biagi era asesor del ministro Maroni que tenía pensado venir mañana a Bolonia", declaró a los periodistas.

Biagi era un experto en temas laborales y había colaborado en la redacción del Libro Blanco del Trabajo, como el propio D'Antona. Su aportación a la reforma del mercado de trabajo puesta en marcha recientemente en Milán había sido decisiva. Además de profesor universitario era un asiduo colaborador del periódico económico Il Sole 24 Ore propiedad de la patronal italiana Cofindustria.

Biagi viajaba desde diciembre pasado sin escolta, a raíz de la reducción de los servicios de seguridad decidida por el Ministerio del Interior. En el lugar del atentado, la policía encontró ayer cuatro casquillos de pistola, aunque, según el primer informe médico sólo dos de los disparos que alcanzaron al profesor eran mortales. El asesor asesinado estaba casado y tenía dos hijos que le esperaban en casa cuando se cruzó en su camino una motocicleta con dos asesinos a bordo.

El crimen se produce además cuando el Gobierno italiano ha presentado una polémica nueva ley de inmigración al Parlamento que endurece las condiciones para obtener permisos de trabajo. De acuerdo con la nueva legislación, los inmigrantes no podrán ir a Italia en busca de un trabajo. En estos momentos, los "extracomunitarios" disponen del plazo de un año para encontrar ocupación y regularizar su situación antes de ser amenazados con la expulsión. Para llegar a Italia, necesitarán a partir de ahora solicitar en sus países de origen un contrato de trabajo. Sólo el que obtiene el papel puede cruzar la frontera. El número de contratos que se autorizan será fijado por el Gobierno, y la duración de los mismos será de uno o dos años, prorrogables. Un inmigrante debe pasar diez años en el país para obtener el permiso definitivo de residencia.

Tampoco la familia de un inmigrante podrá entrar en Italia a reunirse con él, salvo si se trata de los abuelos o de hijos menores de edad. El centroderecha ha hecho en el proyecto de ley una excepción con las asistentas irregulares, miles de mujeres que atienden familias y también jubilados o personas impedidas en Italia, aún sin papeles en regla. La ley autoriza a las familias italianas a regularizar la situación de una de estas personas por domicilio, obligándolas a pagar una contribución fiscal de tres meses.

La nueva ley ha encontrado resistencias en los sectores empresariales del Noreste, donde la necesidad de mano de obra es más urgente. Aún así, la necesidad del trabajo de extracomunitarios se extiende a toda Italia, incluso a las regiones del sur, menos desarrolladas, en las que la recogida del tomate, o de la fruta es encomendada a la mano de obra extranjera. Frente a la inmigración ilegal, la nueva ley adopta también una posición más dura, ya que prevé el uso de la Armada para hacer frente a las embarcaciones cargadas de clandestinos.

LOLA GALÁN
Milán
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